La microficción argentina en México Por Javier Perucho




I
Edmundo Valadés fue el promotor literario de las narrativas cuentísticas en América Latina. El cuento y la minificción tuvieron en su magisterio, a su trabajo de difusión, crítica y acervos, a uno de sus más arriesgados impulsores. La conciencia del género de la minificción apareció con su revista gracias a sus labores y empeños.
Minificción es un concepto que José de la Colina acuñó, según asienta Valadés en “Ronda por el cuento bre-vísimo”, donde señaló algunos atributos del género: inventiva, ingenio, oficio prosístico, pero sobre todo, “concentración e inflexible economía verbal”. Por cierto, este ensayo se publicó por primera vez en una revista de Buenos Aires, Puro Cuento (año iv, núm. 21, marzo-abril, 1990), dirigida entonces por Mempo Gardinelli, autor incluido en cuatro de los números de esta venerable publicación literaria bajo la batuta del escritor sonorense.
En los parágrafos siguientes presento un panorama exprés sobre la recepción de la microficción argentina en el ámbito mexicano por si resulta útil para el lector de esta u otras regiones.
Desde su fundación, El Cuento. Revista de Imaginación (1964-1999) publicó a una pléyade de escritores del Cono Sur: chilenos, peruanos, colombianos, venezolanos, brasileños, entre otros. Narradores argentinos como Borges, Bioy Casares, Cortázar, Marco Denevi, Felisberto Hernández, Victoria Ocampo y muchos más, instalados en la primera línea del canon, pero también a otros menos, mucho menos conocidos, como Sergio Golwarz, un escritor multifacético que mientras residió en México dio a conocer un libro magnífico, Infundios ejemplares (1969), hoy fuera del catálogo del Fondo de Cultura Económica. Aquí debo señalar que la edición de este cuentario brevísimo estuvo al cuidado del padre de Lauro Zavala, según da cuenta el colofón. Aclaro que Luisa Valenzuela ha sido publicada ampliamente tanto en Alfaguara como en el fce. El caso Borges y el gran cronopio implican otros renglones y suficientes folios.
Fuera del vórtice de la metrópoli, Jaime Muñoz Vargas publicó a uno de los maestros argentinos de la micro-ficción, David Lagmanovich, Las intrusas. Microrrelatos (Torreón, Iberia Editorial, 2007). Muñoz Vargas y Lagmanovich cultivaron una relación de amistad muy estrecha, una relación de camaradería. A su vez, la editorial tapatía Posdata Editorial incursionó con Fabián Vique, Los suicidas se divierten(2012), una selecta antología de este microficcionista porteño. Y una chilanga de escasísimos recursos, La Tinta del Silencio, apostó por una plaquette de Ricardo Bugarín, Ficcionario (2017).
La página electrónica de El Cuento registra en su biblioteca digital a más de tres mil escritores incluidos. En sus acervos se documenta que a Raúl Brasca le fueron publicados trece colaboraciones entre ensayos, cuentos y minificciones, de los cuales dos fueron premiados en el Concurso del Cuento Brevísimo (números 105-106 y 111-112), recogidos en la antología que Ficticia lanzó como novedad en 2007 y cuya recensión viene adelante.
Por su parte, Ana María Shua fue seleccionada en seis ocasiones. Ella afirma que fue gracias a la lectura de El Cuento que se animó a incursionar en el género, así era de sólido el prestigio literario de la revista valadesiana en el sur continental. Quizá no sea conocida la anécdota de cuando Ana pudo conocer a don Edmundo en Buenos Aires. En una entrevista virtual, me la confió hace un par de años:
Y te cuento lo que me pasó con Valadés. Yo le mandé varios textos para el concurso y una carta en la que lo invitaba a mi casa, a comer pollo a la crema con cerezas flambeadas, que en ese momento era mi Menú No.1 Para Visitas. Con los textos no pasó nada, pero en cambio Valadés publicó mi carta. Y para mi enormísima sorpresa, al año siguiente me llamó desde Buenos Aires, aceptando la invitación a cenar. Estábamos en 1976, el año en que comenzó la Dictadura. Yo tenía veinticinco años y uno de casada. Habíamos levantado el departamento porque tres días después nos íbamos a vivir a Francia, de modo que le tuve que decir que no lo podía invitar. Como inexperta y tontita, no me di cuenta de que Valadés sólo quería encontrarse conmigo y, en fin, podríamos haber ido a comer a cualquier otro lado. Me pareció que si no le podía dar mi Menú No.1, ya no había encuentro posible. Y ahí terminó todo. Valadés nunca volvió a contestarme una carta, y nunca conseguí que me enviaran ejemplares de El Cuento a Buenos Aires (o quizás los detenía la censura en el correo).
Clausurada la revista, ni Raúl ni Ana volvieron a pu-blicar en el país, aunque intermitentemente fueron seleccionados en antologías y libros colectivos. Sólo hasta hace unos años, Posdata Editorial se animó a ofrecer al público mexicano Casa de geishas (2011). De Brasca no tengo noticia de la publicación de libro suyo por estos lares, salvo el libro antológico mencionado arriba. Consultado por correo electrónico, me comentó brevemente: “En México, salvo la revista El Cuento que me publicó tres veces, una de ellas un cuento largo y las antologías recientes de Agustín Monsreal y [Fernando] Sánchez Clelo (la del circo) y Dina Grijalva (micros eróticas), creo no tener publicaciones. En libro individual seguro que no. (Correo electrónico, 22 de noviembre, 2017.)”
II
Ahora bien, dejo un testimonio sobre un festejo reciente. El Encuentro Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola surgió luego de una visita que el poeta, narrador y promotor cultural Marco Antonio Campos realizó a Buenos Aires en 2015 como invitado especial de la Jornada de Microficción, animadas por Raúl Brasca, organizadas al amparo de la feria del libro de su ciudad (filbo).
Al volver de su viaje, entusiasmado por la experiencia, Marco Antonio nos planteó la posibilidad de organizar un festejo parecido en nuestra ciudad para honrar y festejar al cuento breve, tallado por él con oficio de miniaturista en El señor Mozart y un tren de breve-dades (Colibrí, 2004). A su llamado nos integramos Aura, Deborah y Mariana, integrantes de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, además de Sanda, del Seminario de Cultura Mexicana, instituciones que soportan con su financiamiento, logística e infraestructura cada Encuentro y, por supuesto, el inefable Marcial Fernández, director de Ficticia, quien se encarga de las tareas editoriales que demanda preparar cada antología que determina el certamen.
Los propósitos que animan cada Encuentro son difundir la trayectoria de un escritor vivo que haya cultivado la microficción, premiarlo con la edición de una antología preparada por él mismo con su narra-tiva breve y animarlo con un estipendio en reconocimiento a sus trabajos de difusión, animación y em-peños literarios por legitimar el género en su país de origen, la región y el ámbito iberoamericano.
En la integración de los jurados que participan en los procesos de ponderación literaria, procuramos que colaboren escritores con una trayectoria inque-brantable en el género y expertos en literatura his-panoamericana. De este modo han deliberado, en el primero, Raúl Brasca (Argentina), Francisca Noguerol (España) y Lauro Zavala (México); en el segundo, Caroline Lepage (Francia), Violeta Rojo (Venezuela) y Ana María Shua (Argentina).
Iberoamérica es el espacio geográfico que decidimos que abarcara el Encuentro, pues en la lengua lusitana que se habla en Brasil y Portugal palpita una terra ignota que debemos descubrir e integrar a nuestros acervos culturales.
El Encuentro lleva el santo, aura y bendición de Juan José Arreola, ilustre maestro tapatío al que quisimos honrar por la sombra benéfica de sus libros, tanto por La feria y Bestiario como por Con-fabulario, considerado el santo patrono de la grey microficcionista.
Respecto a las antologías que ha publicado Ficticia en coe-dición con el Seminario de Cul-tura Mexicana y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, la de Ana María Shua, Minificciones. Antología personal (prólogo de Marco Antonio Campos, 2016), ofrece una escritura pletórica de recursos, cuyo dominio de saberes narrativos le permite tallar la descripción física o psicológica, animar sus relatos con el diálogo, inventar personajes entrañables (La Sueñera), circunstancias y comuni-dades (Fenómenos de circo), placeres prohibidos (Casa de geishas), incursionar en la cuentística de terror (Temporada de fantasmas) y participar de la pura imaginación para asentar su reino (Botánica del caos).
En el florilegio que preparó Brasca, Minificciones. Antología personal (prólogo de Francisca Noguerol, 2017), el lector se enfrentará con los atributos que conforman su poética, en la que su gallo de oro es la narratividad, donde la última línea de una microficción no es el final, el final es el sentido. Para su escritura, el silencio es una apuesta de sentido. Su escritura tiene la encomienda de evidenciar las ambigüedades de la lengua. La ironía es un recurso permanente de su creación cuentística. Mayoritariamente sus microficciones son conclusivas, “Pero lo conclusivo –afirma Brasca en un ensayo inédito– puede ser la súbita aparición de una ambigüedad irresoluble, la certeza de lo indecidible, la perentoria exigencia del texto al lector para que le dé sentido, esa comprensión final que no es un final sino un cierre consistente, bello y agudo.”
Ambas selecciones se enmarcan en la estela de la divulgación que he procurado bocetar aquí sobre una de las más longevas, potentes y arraigadas tradiciones narrativas de América Latina.

Palabras
David Lagmanovich
Desde chico, desde siempre, inventaba palabras. A veces cumplían su camino hacia el papel y muchas veces no, pero el sabor agridulce de una palabra recién estrenada quedaba en sus labios como un eco lejano de la infancia. Eran palabras solemnes, como mortiveros; o frívolas, como chirripío; o levemente amenazantes, como destrapiada. Solía decir: “Ya sé que mis palabras son inútiles, pero no hacen daño a nadie.” Hasta que llegó el momento en que necesitó una palabra, una sola, para iniciar un viaje que sabía sin retorno. Un santo y seña para la muerte, en fin. Escogió bien; no fue una de sus palabras inventadas. “Adiós”, creyeron algunos que había dicho. Pero no fue así: en el momento final, lo que dijo fue “Dios”.
Las visitadoras
Martín Gardella
Descubrí que las muñecas de mi hermana cobran vida en la madrugada. Abandonan con delicadeza la vivienda en miniatura de la habitación contigua y entran en la mía, semidesnudas, para colarse en el cajón de mis muñecos articulados. Hago silencio para no molestarlos y, con los ojos cerrados, escucho el sonido del plástico retorciéndose, galopante contra la caja de madera. Media hora más tarde, se retiran sonrientes y despeinadas, con su flexible cuerpo agotado y la misión cumplida.
El episodio se repite indefectiblemente noche tras noche, aunque hoy promete ser diferente. Asomado a la puerta de mi cuarto, el alegre rostro plástico de la muñeca gigante que le regalé a mi hermana por su cumpleaños, observa el grueso candado que coloqué en el cajón de los juguetes, y me guiña un ojo. Todos duermen, excepto nosotros.
92
Ana María Shua
Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás en su sueño podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y el hombre descubre, de-cepcionado, que ya es suya.
Salida
Ildiko Nassr
La mujer en mí se viste de loba y sale al mundo a mendigar un cazador.
Desarraigo
Ildiko Nassr
El cuerpo de ese hombre era mi patria.
La duración
Leandro Hidalgo
Enredo tu pelo entre mis dedos, tan lento, si supieras, que puedo sentir el grosor, la consistencia, la ínfima grasitud que le traspaso con las yemas. Estás dormida, si te vieras, en tanga y boca abajo y los ojos cerrados. En el techo un porta foco y un foco, unos cables sobresalen y eso es tan horrible. Yo apenas recostado hago anillos con tu pelo, miro una tv rota, en tres colores y sin volumen.
Yo qué sé si afuera es la noche o el día, si sos vos o es sólo tu pelo, si soy yo este tipo insomne, o si apenas soy quien escribe en la lejanía, sin vos y sin él, sin sábana hecha un bollo, sin tu cuerpo boca abajo ni el de él boca arriba.
Cuando un momento dura de verdad en esta Tierra, toda identidad se pone en duda. Si estoy durmiendo tan cansada, sintiendo un breve remolino en el pelo, si soy él que nunca duerme a estas horas, o si soy como vos, y escribo desde el error del tiempo.
Felinos
Raúl Brasca
Algo sucede entre el gato y yo. Estaba mirándolo desde mi sillón cuando se puso tenso, irguió las orejas y clavó la vista en un punto muy preciso del ligustro. Yo me concentré en él tanto como él en lo que miraba. De pronto sentí su instinto, un torbellino que me arrasó. Saltamos los dos a la vez. Ahora ha vuelto al mismo lugar de antes, se ha relajado y me echa una mirada lenta como para controlar que todo está bien. Ovillado en mi sillón, aguardo expectante su veredicto. Tengo la boca llena de plumas.
Se aceptan voluntarios
Ricardo Bugarín
El camello miró el ojo de la aguja. Confrontó posibilidades, sopesó postulados, calculó causas y efectos. Tomó coraje pero, finalmente, desistió. Ahora, versícularmente sentado, aguarda con su paciencia milenaria a que aparezca el primer hombre rico en el horizonte 

http://semanal.jornada.com.mx/2018/03/04/la-microficcion-argentina-en-mexico-8668.html

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