Una experiencia de lectura



Cada texto plantea sus propias pautas de lecturas. Borges decía que el concepto de lectura obligatoria es un oxímoron (Figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto.) ¿Cuándo comienza la experiencia de lectura? ¿Qué misterios se ocultan en la selección de un libro que se lee por placer? ¿La experiencia de lectura es diferente cuando leemos por obligación o buscando información o para documentarnos? ¿La diferencia de lecturas tiene un correlato directo con los tipos de lecturas?

Recorro las librerías con asiduidad. Mi trabajo son los libros. Trabajo con libros. Para libros. Son el objeto tangible de mi trabajo, que es también mi pasión. Me gustan los libros, como objeto de diseño y como fuentes de conocimiento. Me gusta el olor de los libros nuevos. El de los libros viejos, me hace picar la nariz, pero no me disgusta. En un ritual muy privado y personal, me gusta tocar los libros de mi biblioteca. Los saco del lugar en el que están, los acaricio, acaricio sus tapas o sus páginas. Recuerdo el momento en el que llegaron a mí. Cuándo, dónde los compré. O quién me lo regaló. Me regalan muchos. Yo también regalo bastantes libros. Si bien son objetos amados, no todos se convierten en objetos de culto. No creo que lo sean. Escribo los libros de mi propiedad. Los marco. Les dejo una huella (que no siempre es amorosa). Dicen que quien ama a los libros, sabe cómo tratarlos. Algunos pocos son casi sagrados y dejarles una inscripción sería casi sacrílego (esos, dejan huella en mí). Otros, nunca encontraron un lugar en mi biblioteca.
Me permito todos los derechos del lector que enumeró Daniel Pennac. Me doy muchas licencias a la hora de leer. ¿cómo encorsetar un placer? ¿cómo ponerle límites y marcar un único modo de actuar frente a él?
Llega un libro por correspondencia. No resisto la tentación de arrancar el envoltorio para ver el libro, sentir su peso, pasar mis dedos por sus páginas. Es de tapa blanca, más gordo de lo que había previsto, pero liviano, casi etéreo. La felicidad me inunda. Recorro sus páginas y miro los títulos, me detengo en algunas palabras. Indago en la contratapa, en las solapas… Pero ¿eso es leer? ¿A ese recorrido amoroso que es una indagación, puede llamársele leer? Me sumerjo detenidamente en el libro y permito que él me indique el modo de leerlo. No todos los libros se leen de la misma manera. Cada uno nos marca su propio itinerario. Con éste que acaba de llegar a mí ¿qué camino debo seguir? Los textos están organizados por orden alfabético del título de cada texto. Un texto por página. Más de cien páginas. ¿será un texto por día? ¿tendré asegurados cien días de lecturas? Trato de escuchar las voces que provienen de ese montón de páginas que se fueron acomodando hasta convertirse en ese objeto de placer que es ese libro que ahora guardo como un tesoro en mi cartera.
Quisiera tener más tiempo para poder leer más. Empacharme de lectura. Pasar el tiempo en la biblioteca buscando, indagando, acechando, esas palabras que se esconden entre las palabras. Pero una lectura solitaria que no pueda compartirse con quienes amamos, ¿es una lectura completa y satisfactoria? Leer es una actividad solitaria, sí, pero en la que nunca estamos totalmente solos. Cuando leemos podemos ser todos esos personajes que nos acechan o nos hacen soñar. Escuchamos una voz que nos conduce a lugares o situaciones que no habíamos pensado. Nos ayuda a encontrar las migas de pan o los guijarros en el bosque oscuro. Nos permite encontrar un pedazo de nosotros mismos que no conocíamos o teníamos olvidado.
Los dejo. Tengo una cita con un tesoro dentro de mi cartera. Abro el libro y sé que quedaré atrapada por esas cien historias mínimas ordenadas como si fueran una enciclopedia.

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