ni en tus peores pesadillas



Algunas historias se repiten, a veces utilizando las mismas palabras, casi como un rezo que uno aprende de memoria. Otras, la historia es la misma pero las palabras cambian. Ya no es la misma historia. Las palabras crean magia al mezclarse unas con otras. Magia y música. La buena literatura requiere ser leída en voz alta y ser compartida. Cuando un libro nos gusta, queremos que también les guste a las personas que nos rodean. Queremos gritárselo al mundo. Que no pase desapercibido. Y lo cargamos en la cartera junto a otros innecesarios objetos preciados. ¿Innecesarios? ¿Es necesaria la literatura? La respuesta obvia es ¡sí! Con signos de exclamación. Sin embargo, ¿qué haría necesario eso que debemos identificar y definir y justificar ante los ojos inexpertos y salvaguardar de desprevenidos y malintencionados? Porque ¿qué lector no ha dicho alguna vez “eso no es literatura”, o “esto sí es literatura”? el gusto influye y las competencias. Mientras más se sabe, más se disfruta.
Siempre nos preguntan a los escritores por qué (o para qué) escribimos. Las respuestas son de lo más diversas. Me gusta lo que decía Groppa (y Mita Homs y otros muchos) que uno escribe para sumar un aporte al proyecto de la literatura. Yo quisiera escribir literatura y legar algunas imágenes como la de Coetzee cuando describe a su madre buscando la libertad en bicicleta, o cuando Joyce Carol Oates imagina ante el descubrimiento del cadáver de un ser amado, o cuando Pamuk busca esperanzas en los cargueros que recorren el Bósforo y él contempla desde la ventana de su cuarto…
Yo quiero escribir literatura. Yo quiero escribir para la literatura.
Escribimos porque leemos libros, (en diversos soportes y formatos) y leemos la realidad (tan sin reglas que asusta). La realidad no tiene reglas, finales felices o vuelta atrás. No se la puede corregir o manipular. Simplemente es.
En cambio, la ficción es el lugar donde todo es posible, pero donde las reglas son importantes y cada género responde un verosímil determinado. En un relato fantástico, por ejemplo, uno abre una puerta y puede aparecer un fantasma; o un hombre se puede convertir en un axolote, o puede tener alas de ángel y negarse a volar; o le puede crecer 12 metros el pelo después de muerta…
La ficción siempre hace pie en la realidad y se deja llevar por la imaginación. En este libro de formato pequeño, que uno puede esconder con facilidad en la cartera o alguno de los bolsillos, conviven historias fantásticas, pecados, tumbas, noticias y castigos.
En 2011 el hombre que fue mi padre se despedía lentamente de su vida. Ese año, también, gané una beca (que no sabía que lo era hasta que estuve allá) para dar una conferencia sobre microficción en Berlín, Alemania. Una noche, una vecina tocó la puerta de mi casa y me ofreció trabajo dando clases en una unidad penitenciaria. Necesitaba el trabajo pero el miedo es un enemigo poderoso… Acepté con la condición de poder renunciar en cualquier momento. Era un mundo desconocido y lleno de prejuicios. Pero entré.
(A mí el miedo me impulsa, no me paraliza) Fui a donde me indicaron. Un lugar con un camino de árboles. Fue una caminata placentera hasta ingresar al edificio. Hacía frío, nadie me pidió documentos. Estaban atareados preparando un evento. Me ofrecieron empanadas (espero que no las de mi libro).
Pero no era ahí.
Seguí caminando hasta donde me indicaron. La seguridad era otra y me despojaron del documento y del celular. Era un mundo otro, donde se plantea la diferencia entre el afuera y el adentro.
Fueron siempre muy respetuosos conmigo. Lo más impactante es el olor. Y la sensación de ser también parte de ese contexto.
Cuando llegué a Berlín, mi padrastro había muerto. Él quería acompañarme (y acaso sí lo hizo, porque hablé alemán de forma fluida y sabía adónde ir, yo, que me pierdo en la Peatonal). Durante la primera jornada con escritores de Argentina (Juan Romagnoli), España, Alemania, Suecia y Austria, dimos nuestras conferencias. Cuando llegó mi turno, lloré y lloré. No podía parar, era como Alicia a punto de ahogarse en el mar que formaron sus propias lágrimas.
Cuento esto porque esas imágenes son algunas de las que alimentaron este libro.
Porque… ¿Qué se hace con aquellos detalles que explotan cuando pasamos junto a ellos? Esa noticia diminuta en el rincón de un diario, las virreinas amarillas y naranjas en el jardín de una cárcel, el roce de un extraño en una multitud, el llanto incontenible…? Soy escritora y debía escribir. Captar esas pequeñeces en una historia desgenerada que necesitaba ser dicha.
Violeta Rojo, una investigadora del género de la microficción, incorpora el concepto de literatura des-generada al referirse a la microficción. Los textos aquí reunidos son absolutamente desgenerados, estallan, explotan en la cabeza del lector y se reconstruyen en un presente infinito que renueva las significaciones con cada nueva lectura.
Yo soy una escritora desgenerada porque no pertenezco a ninguna generación y desgenerada porque escribo sin querer encajar en un género o en un canon. Escribo.
Ni en tus peores pesadillas es la promesa cumplida con Fabián Vique, director de Macedonia ediciones. Y plantea un recorrido que más que itinerario es un arrimarse, entrar por donde se quiera, por donde se pueda. De ahí la carencia de prólogo o índice. El lector se pierde en ese laberinto cuya salida es la felicidad o el destino o vaya a saber cuál… (o si hay salida ¿hay salida?) ese laberinto de pasillos interminables plagado de sensaciones por el que transcurrí cuatro años de mi vida. Crimen y castigo, llanto y risa, reflexión e ironía.
Es un libro que juega con las dicotomías (sueño/pesadilla, tumba/jardín, soledad/multitud, etc.) y las emociones.
Creo que es difícil que nos resulte indiferente.


ildiko nassr, san salvador de jujuy, noviembre de 2016

http://www.eltribuno.info/ildiko-nassr-presento-ni-tus-peores-pesadillas-n785408

ni en tus peores pesadillas
ildiko nassr
Editorial Macedonia
Septiembre de 2016
120 páginas

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