El té y la literatura

Algunos placeres se potencian cuando los unimos. Es propicio dejar de lado quejas y situaciones negativas y recuperar algunos rituales que nos configuran como personas. 
El té aparece en escenas cotidianas y rutinarias, cercanas a lo automático; y en escenas literarias que nos roban una sonrisa. ¿Quién no quiso compartir una tarde de té con el Sombrerero Loco? o ¿quién no recuerda las migas de magdalena empapadas en el té de "En busca del tiempo perdido"? 
Té inspiro
¿Dónde buscar inspiración? Un escritor siempre está atento a lo que lo rodea. Es bueno estar en estado de expectación, atentos a los detalles de lo que sucede a nuestro alrededor. Tomar notas. Llevar un diario de escritura (o de imposibilidad. Como decía Kafka: “Ante la imposibilidad de escribir, escribir” y así llegará la tan mentada inspiración). 
Té escribo
Escribir es un ejercicio. Y como todo ejercicio, mientras más se entrena, mejor nos sale. La práctica hace al maestro. Lo que en un principio nos exige varias pruebas, sucede luego de manera casi simultánea y cada vez más nuestras palabras dicen algo más cercano a lo que queríamos decir. La claridad y la asertividad se hacen presentes gracias a la experiencia de la práctica. También es importante leer. Con la lectura, se van descubriendo no solo nuevos mundos, sino también nuevos modos de representar esos mundos. Vamos descubriendo (y adoptando) nuevas palabras, otras expresiones, miradas renovadas… Nos nutrimos. 
Té tomo 
Tomar aquello que nos sirve para la construcción de nuestra obra y no lo que nos ancla. Un consejo debe ser como alas que nos impulse a la creación. Escribir con alas pero sin olvidar nuestras raíces. 
Té cuento 
Buscando inspiración para el taller literario, redescubrí los fascículos de "El camino del té", de Inés Berton. Allí, nos instala en el universo del té. La sonoridad de la palabra, igual que la de la literatura, adquiere matices similares en muchos idiomas. Las “Siete reglas del té”, llevadas a la literatura: 
1. Hacer un texto excelente
2. Acomodar las palabras para construir el mejor texto
3. Buscar la belleza de lo simple. Ser asertivo en lo que se dice. 
4. Anticipar todo. El escritor debe saber cada detalle del universo literario que construye. No debe dejar nada al azar y conducir al lector hacia donde el autor quiere que vaya. 
5. Una buena atmósfera atrapa al lector y promueve una lectura placentera. 
6. Estar preparado para la crítica. 
7. Mostrar la mejor consideración hacia los lectores. 
En fin, la lectura tanto de textos de ficción como de textos críticos y técnicos; y la escritura cotidiana nos auguran mejores resultados. Como sostenía Ray Bradbury: “Escribe una historia cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas”.

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