de lapachos y reinas

Sabíamos de la llegada de la primavera porque las arvejillas explotaban en las rejas de la casa grande de Río Blanco y los lapachos, a la vera de la ruta y en todo San Salvador de Jujuy. Las flores anunciaban la temporada de reinas, que esperaba con la misma ansiedad que a la Navidad.


A los cinco años, mi papá me llevó sobre sus hombros, por momentos, o de la mano, de a ratos, a ver un desfile de carrozas. En ese entonces, daban una especie de vuelta por el parque San Martín, pasando por Avenida Córdoba y por Avenida Bolivia. Una de las reinas arrojó una arvejilla desde una canastita llena de flores. La agarré y, por un instante, su mirada se cruzó con la mía, llenando el ambiente de magia. Entonces, soñaba con ser, alguna vez, una reina en su carroza.


Muchos años después, en el escenario armado en el patio del Colegio Nacional Nº2, varias adolescentes recibíamos la mirada de un público heterogéneo y esperábamos el veredicto del jurado, que coronó a mi mejor amiga. La magia apareció nuevamente e inundó todo con su luz.

Nunca fui reina pero siempre admiré (y sigo haciéndolo, casi con la misma fascinación infantil) a las muchachas hermosas, elegantes, simpáticas, desenvueltas, que se animan a esparcir su belleza por impactantes escenarios floridos.

La vida me llevó a vivir la Fiesta de los Estudiantes desde un punto de vista diferente: desde el compromiso, el trabajo y la responsabilidad de mis alumnos. Pasé de la indiferencia de esta serie de eventos primaverales a la admiración por esos adolescentes que dedican sus días (y sus noches) a producir maravillosas obras de arte. Pero que no es solo cosa de chicos, de estudiantes, sino de toda una provincia que se une para hacer de Septiembre más que el inicio de la primavera.

Mis estudiantes me recuerdan que la magia sigue renovándose y ampliándose en el armado de flores, cada vez más complejas y elaboradas; en las dudas sobre los proyectos de carroza, para ser originales, únicos; en las arduas jornadas de trabajo… y que las reinas se visten de overol y ayudan a construir la magia, que sucede igual que cuando tenía cinco años, como los lapachos y las arvejillas que florecen anunciando una nueva primavera.










publicado en revista LA PINTADA - 60º Edición de la Fiesta Nacional de los Estudiantes

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