Una mala cita
Ahí estás, con ese joven que te gusta. Los dos sentados a la mesa de un bar. Se miran. Él te mira a los ojos y vos lo miras. Es un instante de intimidad en el que ya te imaginás con un vestido blanco con una cola de tres metros entrando en la iglesia San Francisco y él esperándote frente al altar. Es la primera cita y te ajustaste y subiste y focalizaste en tus puntos fuertes. Un escote pronunciado, pero no tanto, como para seducirlo pero no asustarlo. Ya casi sentís sus labios cerca de los tuyos, cuando explota uno de los breteles de tu corpiño y salta, casi dejando tuerto al que iba a ser el padre de tus hijos. La tira vuela por los aires, desbalancea el escote, arruina el momento y te imaginás no ya en la iglesia, sino en la guardia del hospital, tratando de explicar cómo se hizo daño el muchacho en cuestión. Salís como expulsada hacia el baño y te encerrás largo rato allí. Estás desesperada; ya arruinaste otras primeras citas. Pero una cosa es romper un corazón, que no se ve y...