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Mostrando las entradas etiquetadas como autobiografía

Churros

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Estaba comprando churros en la calle y se me acerca un hombre extremadamente guapo: alto, barbudo, sonriente. Me mira y dice algo. En polaco, creo, porque justo estoy viendo una serie polaca y hablan así, sólo que aparecen subtítulos en español. Lo miraba y lo miraba y no aparecían los subtítulos. Movía mi cabeza como esos perritos chinos que parecen de cuello dislocado. Sonreíamos. Él hablaba y yo no entendía (y los subtítulos sin aparecer). No atiné a buscar mi celular en el bolso y decirle “selfie, selfie”, que eso capaz entendía (y solo me funciona la cámara frontal del teléfono). Pensaba en que tendría algo para contar el viernes en la radio, que me invitaron para hablar de amor. Y les mostraba la selfie con el polaco alto… Pero me preguntaba algo de los churros. Sí. “Rico, rico” le dije, como si repitiendo la palabra,  entendería mejor y acentuara el sabor. Pagamos. Volvimos a sonreírnos. Y cada uno se fue por un lado opuesto de la calle con su “bolsita de cuatro churri...

Una mala cita

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Ahí estás, con ese joven que te gusta. Los dos sentados a la mesa de un bar. Se miran. Él te mira a los ojos y vos lo miras. Es un instante de intimidad en el que ya te imaginás con un vestido blanco con una cola de tres metros entrando en la iglesia San Francisco y él esperándote frente al altar. Es la primera cita y te ajustaste y subiste y focalizaste en tus puntos fuertes. Un escote pronunciado, pero no tanto, como para seducirlo pero no asustarlo. Ya casi sentís sus labios cerca de los tuyos, cuando explota uno de los breteles de tu corpiño y salta, casi dejando tuerto al que iba a ser el padre de tus hijos. La tira vuela por los aires, desbalancea el escote, arruina el momento y te imaginás no ya en la iglesia, sino en la guardia del hospital, tratando de explicar cómo se hizo daño el muchacho en cuestión. Salís como expulsada hacia el baño y te encerrás largo rato allí. Estás desesperada; ya arruinaste otras primeras citas. Pero una cosa es romper un corazón, que no se ve y...

Ser escritora

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Ser escritora: lo primero es tomar una decisión  ¿Es lo mismo ser escritor que ser escritora? ¿Basta con escribir todos los días para ser escritora? ¿Qué lugar ocupa la lectura en el trabajo cotidiano del escritor?   Para ser escritora, primero hay que ser otras cosas. Probar otros oficios: telefonista, conductora, empleada de comercio, mesera… vivir otras vidas. Frustrarse para que el deseo de ser escritora se fortalezca. La literatura te da mucho, pero te pide la vida. Viajes, fotos, firmas de libros, risas, invitaciones… son sólo algunas de las múltiples acciones que aparecen cuando una toma la decisión de dejarlo todo para escribir.  El camino más certero para sobrevivir es el de la docencia. Pero, lo sabemos, nos consume toda la energía y procastinamos el deseo de escribir. Cuando me jubile, cuando mis hijos crezcan, cuando tenga más tiempo, cuando terminen los exámenes… y el tiempo no llega. A la noche, luego de alimentar a la familia (incluidas las mascot...