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Rota

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Estás rota: algunos pedazos cayeron dentro y son astillas que hieren. Desde algún punto de vista, seguís radiante e intacta. Pero si alguien acerca sus labios en la zona cuarteta, podría lastimarse y abrir otras heridas.  Tus sueños son más grandes que tus miedos, pero aún tenés resabios de la pandemia en tu superficie y en tu alma. Viste enfermar y morir a muchos seres amados.  Caíste y, en la caída, te rompiste. Una marca como una mordida ha modificado tu forma. Te negás a ser una taza tirada en la basura, rota, inútil, descartada. Pensás en nuevas formas de acostumbrarte, acomodarte a tus carencias. Rota, seguís igual. Mejor dicho, seguís distinta. Rota, herida, a medias, pero seguís y el camino es nuevo. Acaso una vida verde anide en tu interior y tus sueños se transformen en algo que nunca habías imaginado siquiera.      

Odios

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Así como Isabel Allende se enorgullece de su odio hacia las remolachas, me enorgullezco de mi odio hacia los gerundios, las abreviaturas (arbitrarias) y el subordinante "el cual'. Odio, también, a los policías de la lengua (especialmente a aquellos americanos que defienden "su" idioma invocando a la Real Academia Española) y esa expresión como de superioridad al hablar de la lengua y sus usos. Señores y Señoras de pomposa gramática que desconocen que la lengua es algo vivo y en movimiento. Militantes y fumdamemtalistas de una causa no del todo apehendida.  Odio las letras ilegibles. El exceso de adjetivos. Las palabras mutiladas al estilo Marcelo Bonelli cuando dice "parcipar" en vez de "participar". Los etcétera. Los saludos con afectuosa delicadeza. La palabra nunca y también la imposible. La muletilla "nada". El síndrome de Humpty Dumpty.  Odio los discursos apagados,. Las miradas lascivas de desconocidos y sus palabras como balas o c...

El poder de las primeras veces

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Meik Wiking estudia la felicidad. A los 40 años, como un águila que está a punto de cambiar sus garras y comenzar (o no) una nueva vida, se planteó por su propia felicidad (algo que venía estudiando hacía mucho tiempo) y fue padre. Para hablar de su propia felicidad, les pidió a personas alrededor del mundo que le contaran su(s) felicidad(es). Y descubrió que la felicidad no solo está en las pequeñas cosas, en algo cotidiano trasformado en extraordinario, sino en la memoria. El recuerdo de haber sido feliz (sin darse cuenta, sin proponérselo) hace felices a quienes recuerdan. Pienso en mi padre, Casio, al que habían diagnosticado con Alzheimer. Había perdido la memoria, pero no las emociones. Recordaba el amor que sentía por algunas personas. No sabía mi nombre, pero sí que me amaba. Y me lo hizo saber. Con ese recuerdo, mi cuerpo reacciona: lágrimas, un dolor en el timo, temblor en las manos… Ser autorreferencial es inevitable. Escribo para encontrar el sentido de esos pensamiento...

Cosas que me dan vergüenza (ajena)

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  Foto de un mural de Banksy  ·           Algunos discursos ·         Hombres que se disfrazan de mujer para crear un efecto jocoso ·         Mujeres militantes de las causas feministas que eligen trabajan (y promover) a machirulos ·         Mujeres tan machistas que dan pudor ·         Mujeres que se deforman con cirugías estéticas y borran sus marcas particulares ·         La justificación de las Violencias con lugares comunes que saben a bosta. Si la oliste, sabés cuál es su sabor, no hace falta llenarse la boca. ·         Personas que destruyen todo lo que tocan, que quiere   borrar las identidades y peculiaridades de lo creado por otros ·         Las mujeres que, de tan...

Calambre

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Foto de Alfredo Ureta   El ritual se funda en el poder transformador del agua y la capacidad de las hebras para abrirse y entregarse a ese impulso. Es como el amor: la hebra crece, se modifica y modifica. Se deja atravesar y habitar. Nutre. Se ofrece.

Blanquita y el dinosaurio

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Amores eternos

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Collage de Ildiko Nassr  Una mujer y un hombre de espaldas al público, sentados en una roca.  El escenario permanece a oscuras.  Luces enfocadas a los actores.  MUJER: -¿Qué nos pasó?  HOMBRE ( meditabundo, se levanta y se da vuelta, hacia el público ): No la entiendo. Cuando me habla, le presto atención, pero no logro entenderla. La amo, sí, por eso la traje hasta aquí. No podría vivir la eternidad sin ella.  ( Se ilumina el escenario y se descubre que están en un cementerio. La mujer permanece de espaldas, como si no escuchara al hombre que sigue hablando al público )  HOMBRE: -No recuerdo cómo llegamos hasta aquí ni qué fue lo que nos pasó con exactitud. Sólo sé que elegí morir con ella. Que es la mujer con la que me gusta despertarme cada mañana. Hemos llegado recién y no hay nadie aquí. Ni siquiera sé si dormiremos. O qué se supone que tenemos que hacer. Yo soy feliz de estar con ella. Ella pasa las horas preguntando qué nos pasó y no ...

Gato

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Otra vida

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Piel

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Duelo

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Payaso

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Recién nacido

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La vida. Las expectativas

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Zapatos

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Increíble oportunidad

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Receta para un microrrelato

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Advertencia: al tratarse de una receta genérica (no una fórmula mágica), le puede agregar o quitar elementos y utilizarlos de otro modo. La clave es que el texto funcione y funcione bien. Y funcione donde deba funcionar. Con la práctica, se sentirá cada vez más seguro y podrá experimentar más. Dé rienda suelta a la imaginación y no se olvide de las palabras que son la materia de la que están hechos nuestros ingredientes: deben ser de buena calidad así no destiñen ni arruinan nuestro microrrelato.

Viajes

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Si tú supieras mi sufrir

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