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Mostrando las entradas etiquetadas como crónicas de lo cotidiano

Hoy

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Insulté a un señor mayor en la fila del banco y me respondió algo que no recuerdo Un perro me asustó cerca de mi casa. Recordé cuando mi vecina me contó que unos perros habían atacado a una perrita y se la comieron. Me sentí una cachorrita y salí corriendo, mientras pensaba en este cuerpazo del delito convertido en festín canino  Me bañé, me vestí como todos los días: jean, remera, zapatillas. Me colgué un collar para disimular tanto básico anodino.  Recibí 17 llamadas spam Besé a una bebita  Sonreí a un extraño y otro me dijo algo sobre mi cuerpo y se me acercó demasiado  Recibí un mensaje que me arrancó una sonrisa  Escuché el programa del Perro Solis mientras hacía otras cosas  -Ya no es obligatorio usar barbijo. Ni alcohol en gel. Terceras dosis disponibles. Ocho casos positivos y 2 muertos. Inflación. Dólar blue. Aumento de tarifas. Hoy juega la Selección - Vi unos minutos de un episodio de “Happy" y tuve miedo  Escuché sobre enfermedades, robos, ...

Inicio de primavera en Jujuy

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Ha comenzado a lloviznar ayer por la mañana. Fueron unas gotas que bien podrían haberse confundido con el sereno en las hojas de los árboles o el aleteo de un pájaro. Ha bajado la temperatura y los labios se nos pusieron morados. Hubo una reacción adversa ante ese cambio abrupto en el clima. Esperábamos sol, colores, calor, ropa liviana y tuvimos que volver al abrigo y los días grises. La cabeza se nos hizo una nube y pensamos en cuántas cosas nos faltan por hacer antes de que termine   el año. Con la llegada de la primavera, pensamos en lo cerca que está la Navidad. Y en todo lo que ha sucedido en este año tan raro. El primer día de la primavera florece con lluvia y frío. Un viento helado nos recuerda lo vivos que estamos y se nos dibuja una sonrisa. Recordamos el poema de la mañana de Mary Oliver y nos atrevemos a ser felices (o no) Poema de la mañana  Mary Oliver Cada mañana el mundo vuelve a crearse. Bajo los rayos     naranjas del sol las amontonadas ceniz...

Hermosa

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No. No eran los vestidos caros de diseñador los que te hacían lucir hermosa. No eran, tampoco, tu voz dulcemente chillona ni los gestos entre aniñados y seductores los que volvían locos a todos a tu paso. Acaso era la totalidad de lo que fuiste (y sigues siendo): esa energía sobrecogedora y escandalosa, que irradia luz en una habitación oscura. Te vestiste con una bolsa de papas y deslumbraste al fotógrafo, atravesaste la cámara y nos sacude, muchos años después, tu mirada entre triste y soñadora. Tal vez pensabas en la mirada de tu amado, en sus manos recorriendo tu piel, en sus promesas de amor incumplidas. ¿Qué otros sueños esconderá tu mirada? ¿Qué belleza trascendental explota en el conjunto de tu imagen, cuando todavía eras Marilyn y ya no la desdichada Norma Jeane?

Libros libros libros

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  Algunos libros rojos de mi biblioteca  Un recorrido por ese amor   Amo los libros. Desde pequeña. Desde antes de ir a la escuela. En mis recuerdos siempre aparece un libro. Cuando iba a dormir a la casa de mis tías, mi tía Yolanda sacaba de arriba del ropero un enorme libro de tapas Rojas y me leía el cuento de la Ratoncita presumida. Era un ritual lleno de magia para la niña que fui. Muchos años después, mi amiga Patricia le regaló ese mismo libro a mi hija. Y con él, toda la magia.  Toda gran aventura comienza con un libro  Cuando fui a la clínica para tener a mi hija, llevé un libro. Estuve semanas pensando en el libro que me acompañaría en un momento tan especial. Al final ni lo abrí. Fue tan intensa la experiencia que no tuve ni tiempo para pensar en el libro. Un viaje con un libro En mi primer viaje a Europa, me regalaron un libro para pintar y lápices de colores en el avión. Tenía tres años y recuerdo que le había pedido a mi madre ...

Un mes de cuarentena

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Mañana va a hacer un mes que no salgo de casa. Fue un sábado la última vez que me alejé de casa. Volví de un cumpleaños y ya no salí más. El otro día fui hasta la vereda y barrí los souvenirs de varios perros. Un domingo crucé la calle para sacar una foto de una serie de botellas grandes y vacías de vino, acomodadas estratégicamente en una fila. Seguí trabajando casi con normalidad. Todo el tiempo conectada. Adquirí nuevas habilidades y experiencias. Hice varios videos caseros para varios requerimientos. Di no sé cuántas entrevistas a radios. Contesté una larga entrevista para dos medios gráficos. Con estos datos, ya podría sentirme una estrella. Pero, como diría mi madre: no te creas tan importante. Esto también pasará. Escribí bastante. Llevo un ritmo de trabajo bueno de varias horas diarias escribiendo, que, en épocas normales, incluyen alguna caminata por el parque Xibi Xibi. Ahora son alrededor del patio o de mi dormitorio. Camino para desentrañar algunas ideas que se niega...

tristeza

Siempre hubo una tristeza inexplicable en mí, algo que me atrapaba desde adentro y tiraba como un ancla. Procuraba deshacerme de ella con sonrisas que iba exagerando hasta convertirlas en carcajadas. Pero esa tristeza estaba afincada en un rincón de mi mirada, en un gesto distraído o en el reflejo en una ventana. No podía desnudarme completamente de ella. Me asaltaba en los mejores momentos, con un recuerdo o una imagen o una palabra y activaba las lágrimas (pequeñas, casi imperceptibles) y arruinaba las fotos, los mensajes, los movimientos. Una mañana, al levantarme, como cada día, dejé de sentirla. Corrí a mirarme a un espejo. Y no estaba. No. Había desaparecido de la superficie. Pero, sabía (ella sabía y yo sabía) que estaba ahí, acechando, y que, cuando menos la esperara, arremetería con furia. Mirando a esa mujer con una tristeza envuelta en el cabello, me prometí que dejaría de temerle al miedo del crecimiento de la tristeza. La sacudí y la arrojé al cesto de la basura....

TAN ESCURRIDIZA QUE HASTA GOOGLE SE CONFUNDE

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Algunas notas sobre la papa 1. Tengo una mancha de nacimiento con forma de papa en la muñeca izquierda. Tengo siempre una papa a mano. Hay una en mi origen también, ya que mi abuela nació en un lejano pueblo llamado Papa. 2. Una de las conferencias TEDx que escuché más de una vez es la de Magui Choque Vilca:  “Lo que aprendí de mis papas” . Comienza su conferencia con unas papas en las manos, diciendo: “Estas son mis papas y en nombre de ellas les quiero dar la bienvenida”. ¿Las papas tienen alma? ¿Estar en armonía con el universo, con la naturaleza, es reconocer la importancia de las papas? Cuenta que en Argentina hay 84 variedades de papas y, en el mundo, hay más de 3000. Pienso que serán pocos los expertos que podrás clasificarlas, identificarlas, reconocer sus particularidades. Sostiene que  para nosotros las papas significan cultura, vida, tradición . Recuerdo aquellas largas conversaciones de mujeres en la cocina de la casa grande que serían la envidia ...

Héroe

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Reto de escritura  Día 7: una microficción con un superhéroe 

Algunas cosas de las que me olvidé

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Hace años que me olvidé de andar en bicicleta. Los españoles dicen “montar en bicicleta “, como si hubiera que amansar y domar a ese objeto con ruedas, como si fuese un animal al que le podés enseñar algo.  Recuerdo que aprendí en una pequeña, que me hacía doler las rodillas; no tenía frenos y los pedales estaban tan desgastados que eran un tubito metálico brillante. Era la época de ET y me imaginaba volando en mi desvencijada bici y atravesando la luna.  Cada vez que iba al lavadero de casa, buscaba debajo de la pila de ropa sucia a un extraterrestre que viviera una gran aventura conmigo. Pero así como nunca tuve una cita con ese hombre que aparece en mis sueños, nunca encontré más que algún sapo o un ratoncito sin ningún encanto, y que huyó asustado al verme. Crecí y tuve que conformarme con una aburrida realidad en la que no encontrás criaturas fantásticas en tu casa.  Ahora en este aislamiento añoro esa bicicleta de la que, seguramente, me caería muchas veces...

Bitácora del aislamiento

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Exploro mi casa. Exploro mi propia imaginación. Busco con ojos nuevos algo que se me haya pasado por alto. Esa huella de animal salvaje que haya pasado desapercibida. Algo que haya escapado de la sartén en la cocina o del placar del dormitorio. Una sensación esperanzadora. El heroísmo que creía que tenía que tener para sobrevivir a una guerra. Soy una privilegiada en una casa grande, con patio y biblioteca y mujeres que amo y admiro. Pero de nada me sirven ahora algunas habilidades aprendidas en mi temprana adolescencia como el código Q o el código morse o disparar un arma o encender fuego con dos piedritas. O recitar el abecedario al revés. No puedo escribirle ni un mail al hombre de los ojos tristes porque su guerra es diferente a la mía y mis palabras no son suficientes para servir de caricia o apoyo cuando él tiene que batallar en el campo de guerra que es la calle. A diario. Dejar a su pequeño hijo en casa y salir a luchar por él. Por mí. Por todos. Él. El valiente caballero...

Una ciudad

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Una vez me enamoré de una ciudad y sentí que pertenecía allí. Yo, que me pierdo en la única cuadra peatonal de San Salvador de Jujuy y no sé para dónde ir cuando salgo de un negocio: es como si perdiera la brújula y no sé dónde es el norte o el sur, ahí sabía, no el nombre de las calles, pero sí el lugar exacto en el que estaban. Podría dibujar el mapa de sus calles con los ojos cerrados. Cada edificio histórico lo vi como si ya lo hubiera visto en otras vidas. Era como con esas pocas personas que recién conocés y te perdés en su mirada y es como si ya la conocieras de toda la vida (o de otras vidas) y cerrás los ojos y ves su mirada. Y no podés evitar esa sonrisa que ahora, mientras estás escribiendo, te aparece y la mordés un poco para que no delate tu felicidad. Una vez me enamoré de una ciudad y no pude (o no quise) volver. Hay amores (y lugares) que permanecen mejores en el recuerdo. Hay una ciudad en la que una de las mujeres que soy, todavía permanece (y pertenece).

Hablemos de caca

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La caca es aquello que nos da vergüenza, aquello de lo que no se habla y provoca asco, náuseas, repulsión. Aquello que todos hacemos pero que silenciamos. Cada vez que cruzo la calle por cualquier lado y no por la esquina* como debe ser, recuerdo a mi papá. Apuraba la perilla para bajar el vidrio del auto (no teníamos un auto con los alzacristales automáticos), y gritaba al peatón: “apurá, que te voy a levantar como aca* en pala". Todavía me provoca una risa desmedida esa expresión. Me imaginaba la escena que después se tradujo en un fondo de pantalla muy usado.  Mi mamá decía: “ya me voy a hacer un collar de aca y me lo voy a colgar, y seguro todas van a andar con collares iguales”. No la entendía, no lograba entender el sacrificio personal en pos de un escarmiento a la falta de iniciativa y creatividad. Hoy la entiendo a la perfección y me molesta. No tanto como me molesta la actitud de algunas personas que te están mirando para ver qué pueden sacarte, qué pueden imita...

Churros

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Estaba comprando churros en la calle y se me acerca un hombre extremadamente guapo: alto, barbudo, sonriente. Me mira y dice algo. En polaco, creo, porque justo estoy viendo una serie polaca y hablan así, sólo que aparecen subtítulos en español. Lo miraba y lo miraba y no aparecían los subtítulos. Movía mi cabeza como esos perritos chinos que parecen de cuello dislocado. Sonreíamos. Él hablaba y yo no entendía (y los subtítulos sin aparecer). No atiné a buscar mi celular en el bolso y decirle “selfie, selfie”, que eso capaz entendía (y solo me funciona la cámara frontal del teléfono). Pensaba en que tendría algo para contar el viernes en la radio, que me invitaron para hablar de amor. Y les mostraba la selfie con el polaco alto… Pero me preguntaba algo de los churros. Sí. “Rico, rico” le dije, como si repitiendo la palabra,  entendería mejor y acentuara el sabor. Pagamos. Volvimos a sonreírnos. Y cada uno se fue por un lado opuesto de la calle con su “bolsita de cuatro churri...