TEXTOS, DATA E IMAGENES DE LA ESCRITORA JUJEÑA ILDIKO VALERIA NASSR

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viernes 25 de julio de 2008

Del Libro de Oro SADE Jujuy

La ciudad se le mete por debajo de la piel
y le extirpa corazones al ser.
Inmutables, la mirada y el tacto
son los perpetuos buscadores.
Los dedos gritan y la boca palpa

Se ha despojado de toda humanidad
esta sangre caliente de animal en celo,
esta grieta en el alma,
este desnudarse sin encontrar el cuerpo,
esta necesidad de ser en carne de hipócrita

La ciudad se le mete por debajo de la piel
y parece demasiado tarde
: las vísceras se le hicieron cemento
asfalto y desolación

La ciudad debajo de la piel
y esta maldita sin sentir



SALIDA

La mujer en mí se viste de loba y sale al mundo a mendigar un cazador.





AMBICIÓN

Ponerle nombre a Dios.




OTRA

Salir de mi vida y entrar en la de esa otra habitante de mi cuerpo.





EL GIGANTE INFELIZ

La felicidad está en las pequeñas cosas, pero él sólo tiene grandes cosas.




CONSERVA

La cabeza de la mujer flota en la gelatina que él preparó para conservarla.
Daniel está recién aprendiendo a cocinar y ella le brinda toda su ayuda.

De mis apuntes

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“A mí no me gusta nada decir discursos”
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Voy a hablar sobre algunos descubrimientos personales sobre mi actividad como escritora.
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Nadie va a ser escritor si primero no es un lector apasionado.
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Si no ama leer, no va a ser escritor.
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La lectura no debe ser un hábito. Nadie lee por hábito. La lectura debe ser un vicio.
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Leer es descubrir un mundo para salir de la realidad.
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Lo común es que se comience escribiendo versos. Un chico de diez años puede escribir poesía digna.
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La narración requiere oficio y experiencia.
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Hay algo de la poesía que está cerca de la infancia.
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No hay milagros: uno escribe lo que lee.
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En este tipo de trabajo, uno depende de una manera patética de lo que opinan los demás.
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Dependemos del estímulo y del aplauso.
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Lo difícil es escribir sin leer.
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Quien no conoce la tradición está condenado a repetirla.
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El deseo y el sentido de escribir es ser leído.
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Hay que saber descartar para poder elegir. Y tener autocrítica para saber cuándo a uno le sale algo bien o no.
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A lo largo de toda la carrera del escritor, habrá momentos en los que escriba mal.
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Quería que mis cuentos fueran un gran aporte para la historia de la literatura universal.
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A mí nunca me habían dicho en mi casa que yo era mujer.
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Los cuentos femeninos son como piezas de ajedrez en que cada uno de los personajes tiene una serie predeterminada de movimientos.
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Me casé a los 24 años y eso me permitió volcar la energía que antes ocupaba en buscar novio en la literatura.
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La literatura y la poesía utilizan técnicas parecidas. Ambas trabajan principalmente con la metáfora y la metonimia.
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Trabajar en publicidad me ayudó a ser versátil.
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Las editoriales no son entidades de bien público ni tienen por qué colaborar con la cultura de un país. Ese rol le toca al estado.
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No todo lo que está bien escrito, es bueno.
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Antes de escribir mi primera novela, todo eran dudas.
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Los elementos autobiográficos, cuando uno los escribe, se transforman en ficción.
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Uno trabaja con elementos de la realidad y construye la literatura.
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Escribir sobre lo que uno conoce.
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Abelardo Castillo dice que si uno va a escribir un cuento, tiene que saber cómo va a terminar. Eso es si uno va a escribir un cuento de Abelardo Castillo.
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Uno va dictando leyes acerca de lo que escribe. Esas leyes pertenecen al texto.
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Hay la pretensión de ser cada vez original, que ningún libro sea igual a otro. Pero hay un punto en el que uno empieza a chocar con las paredes.
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O uno sabe o uno investiga.
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Evito los juegos de palabras porque pienso en lo que pasará cuando me traduzcan.


Estos son fragmentos de mi cuaderno de notas. La charla no fue grabada. Son apuntes que tomé sobre lo que más me interesó y no es lo que Ana María Shua dijo sino lo que yo interpreté acerca de lo que ella dijo.

Presentación de Ana María Shua en Jujuy

El camino de la escritura

Existen innumerables preguntas acerca del proceso creativo de la escritura. Escribir es resolver problemas. ¿Y quién mejor que una escritora multifacética que se ha enfrentado a los desafíos de todos los géneros literarios para ayudarnos a responder algunas? Ana María Shua es voz autorizada para abordar la problemática escrituraria desde todos los aspectos o puntos de vista: su obra la condena.
Cuatro novelas. Cuatro libros de cuentos. Cuatro, de microficción. Dos de poesía. Dos de humor. Doce antologías (que incluyen recopilaciones de cuentos populares y un libro que celebra el ser mujer a través de la historia del odio/miedo a la mujer en la literatura popular: “Cabras, mujeres y mulas”). Cuatro guiones (entre ellos, el guión cinematográfico de “Dónde estás amor de mi vida, que no te puedo encontrar”, que recibió varios premios y reconocimientos internacionales). Más de cuarenta libros infantiles-juveniles. Colaboraciones en muy diversas publicaciones periodísticas, como “La Nación”, “Clarín”, “Página 12”, “Playboy”, “Mujer”, “Gente”, “Página 30”, “Noticias”, entre otras.


Decir que Ana María es una sola es decir poquísimo. Ana María Shua es como 17.832 mujeres. Cada una, parte del todo. Como una mamushka judía. Conviven en ella la mujer audaz, la obsesionada con las dietas, la amante del terror, la investigadora lúcida, la recopiladora de textos populares, la madre, la hija, la esposa, la cómplice, la culpable, la imposible, la que no está, la sueñera, la geisha, la asombrosa, la nena de papá, la memoriosa, la pescadora… Mujeres que se funden en una madre nutricia y generosa. Una madre que oculta su trabajo debajo de una prosa fluida, aparentemente descuidada, en aras del placer de la lectura. Ella disfruta leyendo, y quiere compartir ese disfrute con el lector. Lo conduce a través de un itinerario fantástico en el que todo es posible. Construye verosímiles imposibles y terroríficos. Experimenta. Transforma la realidad en literatura. Ríe. Se aterra. Y todo lo ofrece –como un banquete- a quien sea capaz de recibir tal regalo.

En varias ocasiones, nos permite ingresar en su “cocina” y nos cuenta (con increíble generosidad) cómo es escribir.
Dice:
“Así es escribir un cuento: uno saca un poquito de allí y otro poquito de acá, y va armando su historia como si fuera un rompecabezas” (en “Animal rarísimo”)
Aparece, entonces, la niña “extrañada”, extraviada, en esa realidad que la rodea, tan parecida a la imaginación, similar a un sueño. Material maleable la realidad, que encuentra posibilidades múltiples en las manos artesanas y los ojos curiosos de esa Ani que aparece para vivir las otras vidas y ser todas las otras mujeres que querría ser.
Una mujer que es todas las mujeres. Y se propuso un objetivo que va cumpliendo a diario, con su labor literaria.
Se confiesa: “Cuando tenía 15 años gané dos importantes premios con un libro de poemas. Pero me di cuenta de que me los habían dado por mi edad y no por mis poesías. Me sentí ofendida y avergonzada. Me pareció que si no era la mejor escritora del mundo, no valía la pena seguir.

Tardé mucho tiempo en descubrir que:
1º) no había nada que yo pudiera hacer tan bien como escribir y 2º) había muchos escritores que no eran los mejores del mundo y sin embargo igual me gustaban sus libros.” (en “La batalla entre los elefantes y los cocodrilos”)
Ana María Shua es una escritora que hace que sus libros nos gusten, otorgándonos miradas novedosas, llenas de humor, acerca de sus lecturas y obsesiones.
Incorpora a sus hijas en la escritura. Uno se siente intruso, fisgón leyendo esos cuentos escritos con y para sus hijas. Nos permite ingresar en su mundo íntimo e hiperbólico. Imaginativo. Creativo. Nuevo.
Ser parte de su cotidianidad y sus experimentaciones con las palabras, con los sentimientos, con las emociones. Dota de vida a los objeto.
Densidad de las emociones
Ingenioso instrumento mide la densidad de las emociones. La alegría es porosa, la pena tiene alto peso específico, la ira arranca el instrumento de las manos del técnico y se lo rompe por la cabeza, con justa razón. (de “Botánica del caos)

Nos actualiza los cuentos clásicos. Aparece, entonces, la Ani niña, que se pregunta y conjetura respuestas:
176
Durante cien años durmió la Bella. Un año tardó en desperezarse tras el beso apasionado de su príncipe. Dos años le llevó vestirse y cinco el desayuno. Todo lo había soportado sin quejas su real esposo hasta el momento terrible en que, después de los catorce años del almuerzo, llegó la hora de la siesta. (de “La sueñera)

Nos tomaría una vida recorrer el camino de la escritura de Ana María Shua. Diversa. Rara. Encendida. Nos seduce. Abre la puerta y nos invita a jugar, digo a escribir.








Ildiko Valeria Nassr
San Salvador de Jujuy, 18 de julio de 2008
nota: gracias al programa "Café CUltura Nación" por acercarnos a los productores culturales del país